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domingo, 31 de julio de 2011

Una mezcla de tres sentimientos

Tres sentimientos que el niño capta afectan significativamente la comprensión de su dignidad personal. Estos tres sentimientos se combinan para dar estabilidad y apoyo a la estructura del concepto  que el niño forma de si mismo. Si cualquiera de estos tres aspectos es débil, en el mismo grado resultará débil el concepto  que el niño forme de sí mismo:

  1.  El sentimiento de que es único: Toda persona es única y lo que un niño tiene de especial tiene respeto. Los niños no son nunca copias carbónicas. Ya sea que usted tenga dos o quince hijos, cada uno tendrá su individualidad. Y cada niño debe reconocer que es único y que puede hacer una contribución a la familia que nadie mas puede realizar. Este sentimiento de ser algo único se puede basar  en que es el hijo mayor, el del medio o el menor, o bien en talentos o habilidades especiales. Me agrada pensar en las características únicas que cada uno de nuestros hijos ha aportado a nuestra familia. Carlene era la organizadora y la creadora. Rodney sobresalió en la escuela y obtuvo los honores mas destacados. Mark era un excelente deportista y le agradaba trabajar con los niños. Reconozca en cada uno de sus hijos el aporte especial que hace a su familia, y hágale ver que puede ocupar un lugar importante en su vida.
  2. El sentimiento de que forma parte de la familia. Un niño se da cuenta de si el papá o la mamá se sienten felices cuando él se encuentra junto a ellos. Puede detectar si "pertenece" a la familia. El niño que tiene la sensación de ser un apéndice innecesario o que cree que es la "quinta rueda del carro" o un "desafortunado accidente" tendrá dificultades para sentirse respetado. Todos tenemos la necesidad de sentir que somo "una parte de" o que formamos parte de un grupo. No es diferente el caso de un niño. Necesita experimentar un sentimiento de unidad con su familia. Dicho sentimiento se establece fundamentalmente durante la infancia. Cuando los padres cuidan de forma adecuada a su bebe y satisfacen sus necesidades, cuando lo abrazan con cariño, él desarrolla la sensación de ser amado. Pronto establece  una confianza básica en la gente. De estos tempranos comienzos se constituye todo el fundamente de su futura relación con la gente.
  3. El sentimiento de que es amado. El amor se define aqui como la consideracion de su hijo como algo valioso, como una tierna preocupacion por él. Significa que su hijo sigue siendo algo especial y querido para usted aunque no apruebe  lo que él hace. Con frecuencia los padres creen que manifiesta amor porque dejan de lado sus propios intereses para atender los del niño, para preocuparse  por el, para proporcionarle ventajas o pasar mucho tiempo con él, pero esto no hace necesariamente que un niño se sienta amado. El afecto cálido estimula el crecimiento, pero no garantiza que un niño se sienta amado, el niño necesita tener la seguridad de que es amado. Los padres, en algunos casos, sin proponerse lo, le cusan la impresión al niño de que no lo aman ni desean preocuparse por él. " Si te portas bien, mama te va a querer", " Si ayudas a mamita, ella te querrá mucho", "te querré mucho si barres el piso de la cocina" Es importante que recuerde que a su hijo debe amarlo porque es suyo. Debe amar a Pedrito no porque ahora se porta bien, no porque tiene buenas notas en la escuela, no porque tiene es buen deportista, no porque es obediente, sino porque es suyo, lo ama porque es Pedrito. Ninguna otra experiencia puede compararse con esta clase de amor. Cuando usted ama a su hijo en esta forma, él sentirá que pertenece, que se lo necesita y que es respetado, y estos sentimientos íntimos de seguridad lo ayudaran a crecer hasta convertirse en una persona sólida y madura.
Fuente: Como Formar Hijos Vencedores, Pág. 19,20,21

Nancy Van Pelt

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jueves, 26 de mayo de 2011

Un peligro: Los dibujos animados

Si prendemos la televisión y buscamos esos dibujitos animados que veíamos en el pasado, no lo encontraremos o nos costara ubicarlos, por ejemplo, quién no vio candi o para otros Tom y Jerry (el gato con el ratón), el Gato Silvestre y Piolin (el gato con el canario), el coyote y el correcaminos, el Ratón Mickey, el Pato Donald y tantos otros.

Hay veces en que nos quedamos tranquilos por que los niños estan viendo la televisión en el canal de niños y creemos que están a salvo de mensajes de violencia e incluso de mensajes de extraños contenidos sobre la sexualidad o características ambiguas, conductas antisociales.
Nos estamos enfrentando a dibujos animados que muestran una violencia sorprendente y lo peor es como muchos niños copian lo que ven en la televisión y se ponen a jugar con otros niños imitando a ese “dibujito” de televisión que les gusto.
El anime (animación Japonesa,) le ha ganado mucho más espacio que a las historias ocurrentes, creativas, cómicas que antes se veían mucho mas que ahora.  …“Por tratarse de dibujos animados, la gente suele pensar que el anime es para niños. Sin embargo a pesar de su habilidad para entretener a estos, el anime también puede contener temas de adultos, de temas intelectuales e imágenes gráficas. El anime no es un género específico, sino que puede incluir y mezclar comedia, drama, acción, terror, ciencia ficción, crítica social, temas para niños e inclusive animación para adultos”… (Wikipedia)

Es por todo esto que los padres o las personas que estamos a cargo de los niños debemos de velar por lo que ven en la televisión no dejarlos que vean lo que ellos quieren ver, ya que si no ponemos un alto nosotros, nadie se lo pondrá a los niños; si no estos dibujos los hará manipulables de estímulos violentos.  Hay algunos niños que pasan todo el día solos en sus casas, esto sucede, por muchas razones, pero, mayormente por que los dos padres trabajan y nadie puede estar con ellos, ya que el sustento no alcanza como para pagarle a alguna persona que los cuide o también por los padres se han despreocupado de la labor de educar a sus hijos y dejan librado al gusto de ellos lo que quieren o no ver en la televisión y es por estas situaciones que me pregunto ¿dónde están los límites o dónde un padre debe poner límites?  A lo mejor algunos se acordaran de un hecho que paso hace algún tiempo, en que unos niños queriendo imitar a un “dibujito” animado se mataron, cabe entonces reflexionar sobre lo que puede provocar la violencia en los niños o en nuestros hijos que son el futuro de nuestra sociedad para de algún modo tratar de frenar este tipo de violencia.
Es por todo esto que hay que considerar las consecuencias psicológicas que pueden causar estos dibujos animados a nuestros niños.

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jueves, 17 de marzo de 2011

El engañoso concepto de indentidad propia

Las investigaciones realizadas recientemente han demostrado que tanto los niños como los adultos que poseen un  concepto de sí mismos funcionaran adecuadamente en la vida en lugar de azar a tropezones y a tientas.
¿En que consiste el respeto de si mismo? Es la fotografía mental de uno mismo que se forma con la ayuda de lo que los demás han dicho de uno, el modo en lo han tratado y las experiencias de la vida.
Los que tiene respeto de si mismos, se sienten a gusto con su persona, tienen confianza en sus habilidades y se encuentran satisfechos con vida y con su trabajo. Puesto que tienen confianza en sus habilidades, pueden correr riesgos al intentar hacer nuevas cosas, Si fracasan, lo aceptan con altura y sin necesidad de castigarse echándose la culpa. Pueden tomas las medidas necesarias para evitar el fracaso la próxima vez que intente hacer algo. Los que tienen respeto de sí mismos no solo sienten que personal mente son valiosos, sino también saben que tienen una importante contribución que hacer en la vida. Se sienten amados y por lo tanto pueden amar genuinamente a otros. Porque se sienten a gusto consigo mismos, pueden responder positiva mente en su relación con otras personas y en la diversas situaciones de la vida.
Un concepto adecuado de sí mismo lleva a la aceptación de la apariencia personal, aun con sus característica distintiva. Hace que la gente se sienta dispuesta a utilizar sus energías para resolver los problemas antes que dejarse abrumar por su peso. Pueden aceptar el valor de sus realizaciones sin tornarse vanidosos. Las personas que tienen sentimientos saludables de dignidad personal, pueden apreciar sus habilidades en forma realista. Comprenden que no son perfectos, que comenten errores y que de vez en cuando fracasan en las cosas que emprende.Sin embargo después de efectuar una evaluacion correcta llegan a la conclusión de que tienen suficientes buenas cualidades como para equilibrar sus razgos negativos. Por lo tanto, se sienten iguales a otros  y capaces de vivir de acuerdo con las opiniones positivas que otros tienen de ellos. 
No se debe confundir el respeto de sí mismo con el egoísmo. El jactarse y vana gloriarse acerca de lo que uno es y lo que uno hace son síntomas clásicos de auto estima inferior. Los que pueden apreciar justamente su dignidad personal tienen poquísima necesidad de impresionar a otros con sus habilidades o poseciones. El respeto de su mismo no se puede medir mediante los talentos o las capacidades. Mucha gente que posee grandes talentos y habilidades puede tener un concepto devastador de la dignidad personal. La historia habla de muchas personas inteligentes y bien dotadas que se convirtieron en alcohólicos, en drogadictos o en suicidas con el fin de escapar un concepto de si mismas que habían llegado a odiar.

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lunes, 7 de marzo de 2011

El arte de satisfacer la necesidades emocionales

La pareja se había acomodado en un estrecho abrazo en la cama, cuando la pasión comienzo a arden entre ellos. De repente la esposa interrumpió diciéndole: - Querido, no siento deseos. Solo necesito que me acaricies. El esposo que estaba exitado respondió ¿Porque? La esposa se embargo en una larga,conversacion  explicándole que él sencilla mente no estaba en sintonía con sus necesidades emocionales de mujer. El esposo emprendió que no iba a pasar nada esa noche y que sencilla mente le convenía aceptarlo. 
Al día siguiente el esposo decidió llevar a su esposa de compras a su tienda favorita. Se paseo con ella por la sección de ropa y escogió tres vestidos muy  caros para que ella se los probara. Asombrada por los esfuerzos del esposo por agradar la, la mujer se probo los tres vestido, sin embargo, no podía decidir cual le gustaba mas. Magnánimamente él le dijo que llevara los tres.
A continuación él sugirió que subelemento ella encestaría zapatos que hicieran juegos con los vestidos. Entonces fueron al departamento de joyas, donde ella escogió un collar y un par de aretes. La mujer comezó a pensar que su esposo se había vuelto loco, pero como estaba tan exitada, no le dio mucha importancia al asunto. Vio un brasalete de tenis en el otro mostrador y se lo pidió al esposo.
- Quería tu no juegas tenis - le advirtió el marido - pero si te gusta vamos a tomarlo también. Para entonces la esposa estaba delirando de emoción y no podía imaginar por la mente del esposo.
- Muy bien exclamo ella - vamos a la caja registradora.
- Ay, mi amor, no me entendiste bien - se quejo el esposo - No vamos a comprar todas estas cosas. La cara de la esposa se quedo en blanco. - No querida, yo solo quería que tu aguantaras todas estas cosas por un rato.
Los ojos de la esposa se entrecerraron mientras empezaba a enojarse lentamente. Estaba por estallar cuando el esposo le explico.
- Tu simplemente no estas en sintonía con la necesidades sexuales o financieras  que yo tengo como hombre.

Los hombres y las mujeres tienen necesidades emocionales diferentes, sin embargo, ambos sexos tienen solo una vaga idea en cuanto a la naturaleza de ellas. Cuando por medio de encuestas se les pregunta  si están satisfaciendo las necesidades de la otra persona, ambos conyuges sienten que están ofreciéndoles atención adecuada a su contra parte. Sin embargo esas mismas personas sienten que su compañero no reconocen ni aprecian lo que está recibiendo. Lo mas probable es que la verdad se encuentre en el hecho de que ambas personas han estado dando, pero dando lo que ellas quieren, !no lo que su cónyuge desea!  Como resultado , ambos terminan sintiendo frustracion y resentimiento.

Por ejemplo, la mujer piensa que esta siendo amorosa cuando hace preguntas atentas o expresa interés. Para un hombre eso puede ser muy enfadoso. Es posible que él sienta que ella esta tratando de controlarlo o de manipular de alguna forma. Esto confunde a la mujer, porque si él le ofreciera a ella el mismo tipo de interés , lo apreciaría y sentiría que él la ama. En el mejor de los casos en esta drama, los esfuerzos de ella por mostrarle que él si lo ama, se convierten en una molestia.

Por otro lado cuando una mujer esta alterada, el hombre a menudo subes tima la situación diciéndole que no se preocupe o que no se deje alterar tanto por las cosas. El reacciona hacia ella tal como trata de reaccionar con sigo mismo; sin darse cuenta de que sus esfuerzos anulan los sentimientos de ella y hacen que crea que él no la ama y que se sienta hambrienta por interés y atención. La reacción de ella seguramente confunde al hombre, que no entiende por qué sus esfuerzos han fracasado.
La mayoría de los hombres son incapaces de definir cuales con sus necesidades mas importantes y son menos capaces aun de determinar cuales son la necesidades de su esposa.
Observemos, por ejemplo, al ejecutivo atareado empelado en ascender los peldaños del éxito en los negocios. Mientras que su esposa batalla valientemente con cuartos desarreglados y juguetes desparramados, con pellizcos, quejas y serios gritos de !no!, !no!. Él sale a almorzar con algún cliente, o tal ves ella ha estado trabajando en la computadora o atendiendo las exigencias de algún paciente bajo su cuidado. No importa cual sea el caso, ella ha estado hambrienta de tener una conversacion inteligente y un rato intimo con su esposo. Cuando por fin él llega a casa, todo lo que ella recibe de parte de él son unos cuantos gruñidos, mientras se dirige a la sala para relajarse mirando su deporte favorito en la television. Se espera que ella comprenda, en ese momento, él tiene otras prioridades y que a ella le corresponde seguir siendo su fiel y siempre amante esposa.

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viernes, 4 de marzo de 2011

Como lograr una autoridad positiva

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestro hijo. Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En una de las primeras charlas que dí a un grupo de padres de un parvulario, una madre levantó la mano y me preguntó:

- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?
- Dígale que baje, - le dije yo.
- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.
- ¿Cuántos años tiene el niño?- le pregunté.
- Tres años - afirmó ella.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con un grupo de padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?
Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.

Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

* La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

* Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.

* El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

* Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también.
Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

* Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.
Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

* No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

* No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.

* No escuchar. Dodson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

* Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.
Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

* Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.

* Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.

* Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.

* Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.

* Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

* Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.

* Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.

* Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.
Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.
Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.

El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

Pablo Pascual Sorribas
Maestro, licenciado en Historia y logopeda.

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jueves, 30 de diciembre de 2010

El niño y el origen de los sentimientos negativos

¿Cómo se forman las opiniones que uno tiene de sí mismo? ¿Qué hace que un niño piense de sí mismo en la forma en que lo hace?

Todo comienza en los tiernos años de la infancia. La mayor parte de los padres no se conforma con decirle ”no” a su hijo cuando su comportamiento infringe los derechos de otros. El padre y madre típicos añaden:”No lo hagas niño malo, porque eso es algo malo que no debes hacer.Eres un niño perverso.”
Las siguientes palabras y otras parecidas rebajan los sentimientos de dignidad del niño: malo, lento, feo, tonto, perverso, torpe y retardado.
Las siguientes frases contribuyen a que el niño forme una imagen negativa de sí mismo: “Nunca haces nada bien”; “Siento vergüenza de ti”; o “¿Qué pasa contigo?¿Eres tonto o algo peor?”.
El niño que se ve atacado por una descarga continua de expresiones humillantes, juntamente con actitudes no verbales de falta de respeto o de descuido emocional, empieza a sentirse avergonzado y descontento consigo mismo. Comienzan a brotar en su mente semillas negativas como estas:”No sirvo para nada” o “Nunca podré hacer lo que mis padres esperan de mi”.
Lamentablemente la estructura de nuestra sociedad se presta para promover esta clase de sentimientos. En todas las salas de clase se siente la competencia por ser “el mejor” de todos. Los ganadores en los deportes y en otras actividades reciben honores y premios. Hay recompensa para los campeones de los certámenes. Los adolescentes compiten activamente para ser los más populares. Los anuncios de ciertos productos nos dicen que si deseamos que otros nos acepten debemos utilizarlos. Los hermanos y las hermanas luchan por alcanzar posiciones honrosas y favorables dentro del círculo de la familia. Siempre que hay ganadores también hay perdedores.
Los que participan en el juego y pierden experimentan los dolores de la falta de aceptación y la inferioridad. Las expresiones negativas y denigrantes que se dicen en el hogar, juntamente con la competencia que reina en la sociedad, preparan el escenario para que un niño se desprecie y rehúse aceptarse a sí mismo.

Del libro: " Cómo formar hijos vencedores " de Nancy Van Pelt.
La formación del carácter y la personalidad.

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