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viernes, 10 de junio de 2011

Aprender a quererse

No basta sólo hablar y leer sobre autoestima, es imprescindible aprender a quererse, lo que implica respeto propio, identidad y conocimiento de sí mismo.

Aprender es la clave para que las personas tengan una autoestima adecuada. Supuestamente dicha tarea se realiza a partir de los primeros años de vida, cuando los individuos aprenden a reconocer sus características principales y apreciar lo que son como personas. En ese sentido, la infancia es crucial para marcar lo que las personas serán el resto de la vida.

Diferentes factores influyen para que los individuos se aprecien adecuadamente a sí mismos:

Relación con los padres.
Traumas.
Conflictos interpersonales.
Experiencias escolares.
Relación con los hermanos.
Presencia o ausencia de hermanos.
Enfermedades.
Aptitudes excepcionales en alguna área.
Ineptitudes, etc.

No se puede hablar de un solo factor que influye para que una persona tenga una buena o mala relación consigo misma.
La tarea más importante de la vida

El psicólogo Walter Riso señala en su libro Aprendiendo a quererse a sí mismo (Bogota: Editorial Norma, 2008): "Quererse a sí mismo es quizás el hecho más importante que garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de sobrellevar".

El problema es que de un modo u otro la sociedad tiende a sancionar a quien se quiere a sí mismo. Desde la religión, de una manera contagiosa en la mayoría de ellas, se llama constantemente a la humildad y a reconocer las faltas personales, así que una persona que tengan una alta autoestima o se quiera sufre de algún modo el estigma religioso y es calificado de orgulloso o cualquier otro apelativo que lo haga "reflexionar" en su situación o cambiar de actitud.

Desde la educación los docentes no suelen llevarse bien con los alumnos que tienen un buen concepto de sí mismos puesto que les aparecen pagados de sí mismos y demasiado independientes, por esa razón, los llamados de muchos malos educadores son a mantener el perfil de un alumno sometido, fácil de manejar y controlar.

Un dicho popular dice: "Al clavo que sobresale se lo martilla", en alusión al hecho de que a menudo no es bien visto que una persona sobresalga o tenga un concepto de sí mismo que lo haga sentirse bien y

La paradoja

Riso señala el hecho de que la sociedad normalmente intenta inculcar en las personas el respeto a otros, la tolerancia, el altruismo, la aceptación de las diferencias individuales, una forma adecuada de tratarse, etc., como valores que promueven el bien común. Sin embargo, no se señalan con la misma fuerza o al menos con el mismo entusiasmo el auto respeto, el amarse a sí mismo, la confianza en sí mismo, la valoración de sí mismo, el reconocimiento de las emociones propias, y la necesidad de ser asertivos.

Al contrario, suele entenderse como de mal gusto el que alguna persona reconozca sus propios logros o se auto alabe. Si una persona, nos dice Riso, se sacrifica por otros y se entrega al servicio en bien de los demás, es admirada por ser altruista y abnegada. Sin embargo, a esa misma persona no se le permite una actuación pública si habla de sus logros o los resalta, al contrario, es denostado por el resto de la sociedad.

En la civilización occidental, señala Riso: "Si alguien disimula sus virtudes, niega o le resta importancia a sus logros, es decir; miente o se auto-castiga, ¡es halagado y aceptado!". En ese contexto, nos señala este especialista, se cae en la negación de las propias virtudes y la anulación de sí mismo, lo que es visto, paradojalmente, como algo moralmente correcto, cuando en realidad, no hace más que atentar contra la propia dignidad del individuo.

Riso señala que "por evitar caer en la pedantería insufrible del sabelotodo, hemos caído en la modestia auto-destructiva de la negación de nuestras virtudes. Por no ser derrochadores, somos mezquinos". Esa forma de actuación termina siendo destructiva y fomenta a la larga la depresión, el enojo, y la frustración.
La tarea de quererse

Aprender a auto valorarse es algo que se debería fomentar desde la niñez. Los padres y los maestros, dan mensajes que calan hondo en la actitud que las personas desarrollan de sí mismos. Un niño que es alentado a dar lo mejor de sí mismo y a reconocerlo, como algo natural y positivo, tenderá a valorarse de manera adecuada, por el contrario, un niño cuyos logros son minimizados, o que se le exige que se desprecie a sí mismo o que no se alague por lo que hace bien, será enseñado a auto flagelarse y no aceptarse de manera adecuada.
Conclusión

Nunca ha sido ni será fácil el vivir de manera equilibrada. Sin embargo, es necesario aprender el arte delicado de quererse a sí mismo, sin caer en la vanagloria ni en el defecto del auto desprecio. Reconocer quién se es y las características positivas que se tienen es el primer paso para aprender a vivir de una manera emocionalmente sana.

Copyright del artículo: Miguel Ángel Núñez. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.

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miércoles, 27 de abril de 2011

La matematica del matrimonio

Cuando dos es igual a uno: La matemática del matrimonio


Juan y María son dos personas completamente diferentes: diferentes en crianza, personalidad y antecedentes. Después de un tiempo y de mucha oración y consejos, marchan hacia el altar y toman el voto de llegar a ser una carne bajo la bendición de Dios. ¿Qué significa llegar a ser uno? ¿Es posible que dos personas diferentes lleguen a ser "uno"? Algunos dirían que no. Sin embargo, la Biblia dice que sí.
Pero, ¿cómo comprendemos la declaración de que los dos "serán una sola carne" (Gen. 2:24) ¿Será un misterio matemático? ¿O hay algo más en ello?

La matemática de la anulación
Algunos argumentarían que el matrimonio cristiano es un milagro que trasciende la sencilla regla matemática y que nos da la ecuación 1+1=1. Tal argumento no refleja el verdadero significado de Génesis 2:24 o el principio bíblico subyacente de la unidad en el matrimonio. Si 1+1=1 es correcto, se deduce que uno de los dos debe renunciar a sí mismo y llegar a ser 0. Tal renunciamiento propio permite una posibilidad matemática (1+0=1), pero crea una dificultad teológica.
Consideremos a Elisa. Ella era una de esas personas que parecen tener una visión muy clara de su futuro. Tenía el potencial para llegar a tener éxito profesional. Siempre alegre, siempre alerta, tenía una personalidad que la hubiera hecho avanzar hacia arriba. Sin embargo, cuando Elisa se casó, comenzó a experimentar pequeños cambios en sus actitudes. La inseguridad y dudas acerca de sí misma lentame nte comenzaron a entrar en su vida. Llegó a ser una profesional, pero el alto nivel de éxito parecía eludirla. Llegó a ser muy tranquila y sonreía o reía sólo cuando su esposo no estaba cerca. Vivía una vida rutinaria, a veces dolorosamente solitaria y rara vez se expresaba aun sobre asuntos como la educación de su hijo, la decoración del hogar, o las ropas que vestía. Su esposo decidía todo.
Ustedes se han encontrado con Elisa muchas veces en todo lugar imaginable. Ella lleva la vida como una rutina, aun presentando una imagen placentera por afuera. Pero dentro de ella hay escondidos una multitud de problemas que no los detectan ni siquiera los amigos más íntimos o los miembros de su familia. Los sicólogos llaman a esto el Síndrome de la Identidad Anulada, que se observa más en las mujeres que en los hombres.
Dos características muy significativas identifican a este síndrome: la pérdida de la capacidad de tomar decisiones y la lenta transferencia del control de todas las cosas a su cónyuge, incluyendo los gustos más personales. ¿El resultado? Un gran sentido de frustración, no expresado verbalmente, pero guardado internamente hasta que un día estalla en forma de trauma emocional. Y surgen a la superficie sentimientos de temor, angustia y dolor emocional.
Elena White aconseja que la esposa "no debería sacrificar sus fuerzas y permitir que sus capacidades queden dormidas, apoyándose totalmente sobre su esposo. Su individualidad no debe ser absorbida por la de él. Ella debería sentir que es igual a su esposo, para estar a su lado, fielmente en el puesto del deber de ella, y él en el de él".1
También escribió: "Dios le ha dado conciencia [a la esposa], la que ella no puede violar con impunidad. Su individualidad no puede ser absorbida en la del esposo... Es un error imaginarse que con devoción ciega ella ha de hacer exactamente lo que su esposo dice en todas las cosas, cuando ella sabe que al hacerlo, su cuerpo y su espíritu sufrirían daños".2
En otra ocasión, hablando a una pareja de recién casados, Elena White dijo: "Pero mientras deben combinarse como uno, ninguno de ustedes ha de perder su individualidad en el otro. Dios es el dueño de la individualidad de ustedes. A él deben preguntarle: ¿Qué es lo correcto? ¿Qué está mal? ¿Cómo puedo cumplir mejor el propósito de mi creación?"3
De este modo, el ideal de la unidad bíblica no permite la anulación o la renuncia del uno hacia el otro. Un cónyuge no ha de controlar la conciencia del otro. En realidad, la actividad creadora de Dios que involucró una costilla es un símbolo poderoso de que Eva "no habría de controlarlo como la cabeza, ni ser pisoteada bajo sus pies como inferior, sino estar a su lado como igual".4 "Nadie se casa para que su personalidad sea destruida o ignorada por su cónyuge".5

La matemática de la mutilación
Si la anulación de una persona no es la respuesta al problema de la unidad, ¿podremos pensar en la mutilación de ambos como una manera de comprender el concepto? Por mutilación quiero decir que cada persona renuncia al 50 por ciento de su yo. Esto permitiría que la fórmula se cumpliera: 0,5+0,5=1. Algunas parejas cristianas caminan por este sendero por razones sociales y financieras, por el bien de los hijos o para evitar el fracaso. En el proceso, se ven forzadas a renunciar a muchas de sus metas y de sus
sueños personales.
Aquellos que siguen esta ruta, muchas veces no se dan cuenta cuándo dejaron de ser ellos mismos y llegaron a ser otros. "Ambos decidieron que su 'vida' sería una 'forma de vida'. Pero con el transcurso del tiempo, ambos deben examinar si su vida diaria es una vida real, una agonía... o una muerte".6 En realidad, ambos están "medio muertos" porque han dejado el 50 por ciento de sus vidas fuera de la relación. Si el porcentaje es diferente, digamos que uno renuncie al 40 por ciento y el otro al 60, el resultado podría ser aún más desastroso. No, la respuesta al problema de la unidad en el matrimonio no reside en la matemática de la mutilación, sino en el misterio del amor. Pero primero, consideremos una pregunta fundamental.

En busca de una solución
Si sientes que cualquiera de los acertijos matemáticos descritos arriba calzan en tu caso, detente un momento. ¿Qué deberías hacer para vencer la tentación de la negación propia?
1. Pide ayuda. Es relativamente fácil no percibir que tu personalidad está sufriendo lentamente un proceso de anulación. Busca la ayuda de un
profesional cristiano, preferentemente con
antecedentes pastorales. Tal ayuda puede permitirte redescubrir y reforzar tu personalidad peculiar.

2. Desaprende. La conducta es aprendida, y como tal, puede ser desaprendida. Las personas
tienen muchas razones para entregar sus vidas para ser administradas por otros. Cada vez que las personas permiten que otros las controlen hasta el punto de no saber quiénes son deberían tratar de encontrar la causa. Pueden ser situaciones familiares, traumas de la niñez que no se han resuelto, o alguna crisis que forzó a un miembro de la pareja a hacerse cargo de todo.

3. Expresa tus sentimientos. Si sientes que no se te está escuchando, o que tu cónyuge tiende a despreciarte y a tomar ventajas, es tiempo de hablar. Comunícate y hazte oír. Ayuda a tu cónyuge a apreciar y a afirmar el principio de mutualidad en el matrimonio.

4. Estudia el propósito del matrimonio. Dios dio al esposo y a la esposa la responsabilidad de cuidar el uno del otro. Tanto el esposo como la esposa han de complementarse mutuamente. Aunque ninguno debe ser conciencia para el otro, ambos pueden ser una fuente de fortaleza mutua.

5. Trátense el uno al otro con respeto mutuo. El esposo y la esposa deben comprender que son socios iguales en una relación ordenada por Dios. Ambos tienen responsabilidades para conservar esta relación de amor y cuidado mutuos.

El misterio del amor
Volvamos a nuestra pregunta. ¿Qué significa "serán una sola carne"? Cuando Mary y yo comenzamos nuestra vida de casados, tuvimos que afrontar muchos conflictos que surgieron de nuestras diferencias culturales y de la manera en que hacíamos las cosas. Los primeros años fueron difíciles. Después de tratar de "convencer" e imponer nuestro punto de vista al otro, finalmente pudimos tomar el camino del acuerdo. Comenzamos con cosas pequeñas, como nuestras comidas.
Personalmente no me gusta el aceite de ninguna clase. Mi esposa, por otro lado, goza poniendo aceite a todo. Al comienzo fue una lucha, tratando de hacer desaparecer el aceite de la comida y de la despensa. Pero, un día, ella descubrió que era posible cocinar sin aceite, añadiéndolo después. Durante 14 años hemos estado cocinando sin aceite en casa, pero los que están interesados en comer con aceite, sencillamente lo añaden en su plato más tarde. Problema resuelto.

Para mí, descansar significa recostarme en un sofá para leer un buen libro o escuchar algo de música. Para mi esposa, descansar significa salir a caminar. Al comienzo traté de convencerla de la ventaja de quedar en casa para leer un poco. Ella, por otro lado, quería que yo entendiera la importancia de salir al aire libre. Finalmente, optamos por decidir por turno qué actividad haríamos, aunque al otro no le gustara demasiado la elección. Estamos contentos con este arreglo. A través de los años, yo aprendí a apreciar un día al aire libre, y mi esposa pasa más tiempo leyendo. Lo que aparece como un problema puede resolverse con respeto y consideración mutuos. La unidad, por lo tanto, no significa eclipsar la personalidad del otro. Significa renunciar al deseo de dominio sobre el otro, y en cambio, llegar a un alto nivel de amor y de respeto mutuo, y crear la unidad que es el fundamento del éxito en el matrimonio. El ingrediente básico de esta unidad debería ser, por supuesto, el amor.

El amor es la solución
El amor no es egoísta, no busca lo suyo. Nacido del libre albedrío, el amor busca dar y no recibir. Sólo los que no aman demandan sumisión y anulación. Ninguno se une con otro en matrimonio para perder su propia individualidad. Por el contrario, nos unimos con una persona que aprecia nuestra singularidad y dignidad. La relación de una pareja es una dedicación recíproca de cooperación mutua. Ambos son felices al ver que el otro alcanza su máximo potencial.
Cada persona es única. El dicho de que "Dios quebró el molde después de habertehecho a tí" no sólo es cierto, sino debería ser repetido más a menudo. Nunca hubo ni nunca habrá otra persona exactamente como tú o como yo. Por lo tanto, en elmatrimonio, al establecer una relación de amor, lo estamos haciendo con una persona muy singular. El amor y el respeto por esa singularidad conserva la unidad de la
relación.
Un proverbio chino dice: "No camines delante de mí, no puedo seguirte. No camines detrás de mí, no te puedo guiar. Camina a mi lado y seré tu amigo". Allí reside el secreto de un amor perdurable y unido. Dos seres diferentes, caminando lado a lado, tomados de la mano, con los corazones unidos, afirmando que ellos son uno en la misteriosa relación del matrimonio.

Miguel Ángel Núñez era director de educación y de ministerio juvenil en la Unión
Chilena cuando escribió este artículo. Las ideas de este artículo han sido
desarrolladas más ampliamente en uno de sus libros, Amar es todo (Buenos Aires:
ACES, 1994).. Su dirección es: Universidad Adventista del Plata; 25 de Mayo 99;
3103 Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina. Email: miguelanp@hotmail.com
______________________________
Notas y referencias
1. Ellen G. White, El hogar cristiano (Mountain View, Calif: Pacific Press Publ. Assn.,
1979), p. 206.
2. Id., p. 101.
3. White, Joyas de los Testimonies (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1970)t. 3, p.95.
4. White, El hogar cristiano, p. 27.
5. Alfredo Altamira: "En el matrimonio 1+1 no es 1 ni 2", Vida Feliz 29 (Julio 1992) 7:8.
6. Id., p. 9.
© 1997-2003, Adventist Ministry to College and University Students (AMiCUS)
Sitio de Diálogo: www.adventist.org/education/dialogue/
Extraido de
http://dialogue.adventist.org/articles/11_1_nunez_sp.htm

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martes, 19 de octubre de 2010

Sexualidad en el matrimonio

Por Miguel Angel Nuñez
Es increbile que el Señor no haya creado a todos de forma distinta, tanto el hombre y la mujer son muy distinto por eso es que quizas en el matrimonio forman el circulo perfecto, o se supone que deberia terminar asi, pero hablar de sexualidad en el matrimonio es un punto muy crucial, en especial para los hombres.
Primero definamos sexualidad:y en Wikipedia encontre una definicio a mi parecer correcta:
La sexualidad es un universo complejo en el cual intervienen aspectos tanto biológicos, como psicológicos y sociales.
La sexualidad engloba una serie de condiciones culturales, sociales, anatómicas, fisiológicas, emocionales, afectivas y de conducta, relacionadas con el sexo que caracterizan de manera decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo.
 Quizas el leer la definicion de sexualidad te preguntes ¿Eso significa Sexualidad? pues si ni mas ni menos, es algo mas que un acto coital en una noche romantica, engloba mas que eso y con esto hago preambulo al Dr. Miguel Angel Nuñez, quien dara un seminario sobre Sexualidad en el Matrimonio Cristiano, espero pueda esclarecer muchas dudas.

Apto para jovenes y adultos.


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viernes, 15 de octubre de 2010

La pregunta

Eres tonta!
Las palabras sonaron como un cañonazo disparado junto a ella. Era lo que faltaba.
Caminó lentamente bajo el abrigo silencioso de los álamos en camino a su casa. La tarde tranquila hamacaba las ramas de los árboles en melodioso susurro. Pero la calma del lugar no la impresionaba. 

Estaba sorda por el estampido de esas dos palabras.
Mientras daba un paso tras otro, repasaba en su mente las horas pasadas.

Su vida parecía haber sido un error desde el principio. Llegó sin aviso (al menos eso decía su madre). Era torpe, según le decían a diario sus hermanas mayores.

―Tú no te casarás nunca. Eres idiota.

Tal vez la hermana no quiso decir precisamente eso, pero el silbido demoledor de las palabras seguían retumbando en su mente sin que pudiese hacer nada para impedirlo. A las palabras no sólo se las lleva el viento.
Cuando llegó a su casa encontró a su madre dando los últimos retoques al almuerzo.

―Apúrate, hija, que tengo que salir y tienes que ayudarme con la mesa para que todo esté listo para cuando lleguen tus hermanas.

Se acercó sin decir palabras esperando un abrazo o un beso.

―¿Qué haces ahí parada como una tonta? ¡Apúrate, te digo! ―grito la madre.

Con la misma displicencia con que había venido se fue a su dormitorio. Era un cuarto donde apenas quedaba espacio para su cama rodeada por cajas donde la madre guardaba cosas que la familia no usaba.

Una ventanita daba hacia el patio. Por ella se veían las gallinas, y también las rosas que su madre cultivaba con mucho esmero. Ella no podía acercarse a las flores pues la madre siempre le decía que pudría dañarlas. Tenía que conformarse con mirarlas desde lejos. Así, en silencio, desde la ventana, sin molestar a nadie.
Se dejó caer sobre la cama y, acostada mirando el techo, dejó que su mente divagara. Muchas veces soñaba que iba por el mar, navegando, recorriendo otros lugares. Al llegar al puerto, una carroza de lujo con briosos corceles y un paje la esperaba.

Noche tras noche repetía el ensueño. Todos los días el mismo sueño, con los mismos personajes.

―¡Levántate, floja inútil ―graznó la madre, arrojándole un almohadón de lana.

Ella la quedó mirando en silencio, y por unos segundos deseó intensamente abrazarla. Su madre era linda, su pelo castaño rodaba sobre sus hombros como un río de suave pendiente. Sus ojos claros parecían despedir fulgores de dulzura. Parecía una reina.

Se levantó y se cambió de ropa. Pensaba en su madre. No siempre actuaba así. A veces la abrazaba y le daba un beso en la frente. Pero hoy estaba nerviosa. El asunto del asilo de ancianos la tenía ansiosa. Le habían encargado la fiesta de recolección de fondos y estaba decidida a que todo saliese bien.
Ayudó en la casa en todo lo que le pidieron. Cuando su madre se fue, se dirigió lentamente hacia el fondo del patio. A1lí estaban los paltos: Dos imponentes arboles que daban las paltas (aguacates) más sabrosos del barrio. Eran el orgullo de su padre.
Ella solía subirse a uno de ellos cada vez que podía, cuando su madre la veía encaramada en sus ramas, la reprendía diciéndole que ya era grande para andar trepada en los árboles, y le recordaba con insistencia que ya tenía catorce años que debía preocuparse de otras cosas en vez de quedarse como una boba mirando no se qué.
Ahora que ella se había ido podía estar tranquila. Lo había pensado un par de veces. Al principio pasó como una estrella fugaz. Pero la idea había vuelto con insistencia. Las palabras de la profesora seguían estallando en su mente.

A veces pensaba que tal vez tuvieran razón, que ella era realmente tonta. Casi todas sus compañeras tenían un amigo especial con quien salían. A ella casi nunca le hablaban los muchachos.
De pronto pensaba: “¡Tantos no pueden equivocarse! Soy tonta”. Al día siguiente se levantó muy temprano para ocupar el baño. Lo hacía todos 1os días, pues no quería que la regañaran por ocuparlo cuando otros lo necesitaban. Sus hermanas no soportaban encontrarla allí, pues alegaban que llegarían tarde a la universidad por causa de la estúpida hermana que tenían.

Su refugio secreto eran unos libros de poesía que sacaba a hurtadillas de la biblioteca de su padre. Solía solazarse leyendo. Soñaba; era lo que mejor sabía hacer.Cuando salió hacia la escuela besó a cada uno de los miembros de su familia. Sus hermanas ni se percataron de ella, la dejaron irse sin un adiós, con ademán hosco. Su padre le dijo:

―¡Pórtate bien! ―y ella asintió con la cabeza. Siempre le decía lo mismo.

La madre recibió con indiferencia su beso. Al salir pasó por última vez por su dormitorio. Sabía muy bien que al llegar a casa no encontraría a nadie. Ese día todos almorzaban afuera. Cuando llegó al colegio fue arrastrada por la marea de estudiantes que entraban con gran algarabía al liceo.
Pasó la mañana pensativa. Tomó notas por costumbre, pero estuvo como ausente.
Sólo en la clase de filosofía escuchó con atención. Siempre en ese momento lo hacía. La profesora tenía una forma tan especial y amorosa de tratar a sus estudiantes, que se sentía cómoda en esa asignatura.
Al finalizar la hora se acercó a la profesora cuando ésta ya se iba y le pasó un papelito doblado.
Se quedó mirándola, expectante.

La profesora abrió la hojita, y la miró por un momento sin decir nada.

Lentamente fue levantando la vista y alargando los brazos se acercó a ella y la abrazó con fuerza. No dijo nada, pero ella comenzó a llorar. Permitió que sus lágrimas rodaran libremente por su rostro y como si de pronto un volcán entrara en erupción, brotó de sus labios un fuerte sollozo que resonó en la sala vacía.

La profesora pasó una mano por su cabeza y le besó la frente. Desde sus manos calló el papel que contenía sólo una pregunta:
Si yo me suicido, ¿le importará a alguien?. 
Cuando regresó a casa, corrió al patio, se acercó al palto, y tiró de una cuerda que colgaba de una de las ramas. Ésta cedió y fue a caer a sus pies.
Regresó a su habitación, y por la ventana le pareció que las rosas le sonreían.
Pronto llegarían todos a casa. Ya era casi de noche. 


*******
Lo publiqué hace años en una revista de Argentina. Está basado en un caso real. Es la otra cara de lo que escribí el otro día sobre otra profesora.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Mitos del Noviazgo

Del mismo seminario dictado en la Universidad Peruana Unión donde el Pastor Yvan Balabarca expone su tema Fisiología del Amor, el Pastor Juan Carlos Torrealva presenta su tema Mitos del Noviazgo, un excelente seminario cristiano que guiara a todo Joven Cristiano a tener un noviazgo exitoso y feliz.
El propósito de esta etapa (comúnmente conocida como noviazgo) es el conocimiento mutuo. El verdadero amor lleva al compromiso, y éste al matrimonio. No menos. Jacob se enamoró de Raquel, y fue suficiente para comprometerse y lograr su amor. (Gn. 29:1ss). Cualquier otra cosa puede ser pasatiempo, aventura, o una conquista más. ¿Qué quieres ser tú?
Alguien dijo que el tiempo para conocer bien a alguien son 2 años. En ese tiempo se conoce el alma y el espíritu de la persona. Sólo faltaría el cuerpo. Y esto es para el matrimonio.
Para las chicas: Por la cultura, ustedes tiene la última palabra. Normalmente somos los hombres quienes enamoramos a las chicas y les pedimos que sean nuestra pareja, pero esto sólo se concreta si ustedes nos dan el "sí". Este es mi consejo: NO TE CONFORMES CON CUALQUIERA. Piensa en grande. No te hablo de tu "príncipe azul", sino de un chico consagrado, respetuoso y que te ame desinteresadamente. ¿Qué quieres para ti y los tuyos en el futuro? Eso depende de tus decisiones y acciones presentes.


Material subido por Pastor Alfredo Padilla




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lunes, 13 de septiembre de 2010

Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza

Prov. 19:18 dice:
“Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.”
            El texto original hebreo no menciona la posibilidad de castigar el hijo al punto de matarlo. Al contrario, el mensaje es: “castiga a tu hijo mientras hay esperanzas, porque si no lo haces serás responsable por su muerte”.

El verbo castigar, en hebreo yassér, incluye tanto la idea de instrucción como de reprensión. Mediante la instrucción tú plantas la semilla del conocimiento en la vida de tu hijo. A través de la reprensión, quitas las hierbas malas que aparecen espontáneamente.

         Enseñar es una experiencia fascinante. En las últimas vacaciones viajé acompañado de mi nietita de un año y medio. Era impresionante verla repitiendo las palabras. Los tíos trataban de enseñarle algo nuevo, y ella se mostraba ávida de aprender. Personalmente me gusta enseñar. Es como si uno se dividiera en mil pedacitos para vivir en el corazón de las otras personas.


Pero enseñar es tan solo la mitad del proceso educativo. La otra mitad, tan importante como la primera, es la reprensión, o el castigo, como lo llama la Biblia. Aquí no se habla necesariamente del castigo físico, aunque desde el punto de vista bíblico, tenga lugar en la educación. La idea del texto es llamar al niño al buen camino cuando, llevado por los instintos, se acerca peligrosamente al precipicio.
La tendencia moderna de excluir el castigo en la formación del niño es temeraria y puede ser fatal. ¿Qué harías tú si tu hijito se acercara al abismo? Dialogarías, ¿verdad? Correcto. Pero, ¿y si insiste? Continuarías dialogando. Muy bien. ¿Y si él continuara insistiendo en acercarse al precipicio? ¿Lo sacarías de allí? La vida está llena de precipicios y abismos morales, que no son solamente peligros físicos. Son peligros que tienen consecuencias eternas.

    Por tanto, no te mantengas en silencio, no falles, no dejes de cumplir con tu deber. Disciplina, instruye y reprende. Muestra el camino y llama la atención cuando sea necesario.
No es suficiente con ser padre. Tienes que disciplinar. Disciplinar es amar. Corregir es ser responsable. En esa tarea tú no estás solo. El Dios que te dio a tus hijos como un regalo de amor, sabrá orientarte en la educación de los mismos.

Que Dios te bendiga, y recuerda: “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo”.
 
Alejandro Bullón

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