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jueves, 28 de julio de 2011

Fe o Presuncion

El primer ejemplo de presunción es uno de los más tristes de las Escrituras. Dos hijos de Aarón y sobrinos de Moisés, Nadab y Abiú, habían sido escogidos como sacerdotes. Habían tenido el privilegio de estar en el monte Sinaí cuando Dios ratificó el pacto con Israel (Éxodo 24:1). Se les enseñó la tarea que debían hacer en el santuario.
Aarón y sus hijos habían sido consagrados al sacerdocio por el ungimiento con aceite y los sacrificios de sangre. Aarón había ben­decido al pueblo de Israel. La gloria de Dios había aparecido cuan­do el fuego consumió el sacrificio. Llenos de temor reverente por esta evidencia de la gloria de Dios, alabaron a Dios y se postraron ante su magnifícente presencia. Los elevados privilegios conllevan elevadas responsabilidades. Estos hombres habían sido bien ins­truidos; conocían las reglas. Pero, presumieron al pensar que sus al­tos privilegios les permitían tener ciertas libertades. El registro per­mite entrever que bebieron demasiado de una bebida embriagante, que limitó su capacidad para tomar decisiones correctas (Levítico 10:8-11). Por ello, en vez de usar el fuego del altar del holocausto para sus incensarios, como Dios había ordenado, pensaron que el fuego común sería lo mismo. La Escritura dice, sencillamente: "Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová" (versículo 2).
¡Qué tragedia! Dios, ¿fue demasiado severo? ¿Qué hubiera su­cedido si pasaba por alto este incidente? Dios es demasiado santo y justo como para permitir que los seres humanos ignoren sus ins­trucciones específicas. Su pueblo tiene que aprender que la presun­ción es un pecado terrible; que quienes dirigen la adoración deben evitarla especialmente.
Algunos alegarán que Dios fue demasiado severo, que debería haberles dado otra oportunidad a estos hombres. Pero Dios había especificado a Moisés y a los líderes que todo lo que estaba relacio­nado con el servicio de Dios debía ser efectuado de acuerdo con el modelo que se les había otorgado. Nada había de hacerse de una manera descuidada o caprichosa. Noten el mensaje que el Señor envió, por medio de Moisés, a Aarón después del incidente: "En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado" (versículo 3).
Dios mismo había encendido el fuego del altar del holocausto, y no debía haber sustitutos. El fuego representa el Espíritu Santo. El enemigo se deleita en remplazar al Espíritu de Dios en los cora­zones humanos con su propio espíritu rebelde. Es peligroso pensar que podemos crear nuestro propio poder de adorar cuando Dios ha dado instrucciones específicas de que solo puede aceptar una adoración que sea inspirada por su Espíritu Santo y consistente con él. Dios quería enseñar a Israel que debían acercarse a él con reve­rencia y temor respetuoso. El profeta Isaías más tarde dijo: "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz!" (Isaías 5:20).
No obstante, hay un movimiento religioso popular que acep­ta como apropiado para la adoración cualquier cosa que apele al corazón carnal. Esta idea se basa en la suposición de que no hay diferencia entre lo secular y lo sagrado, entre lo profano y lo santo.
Nuestro maravilloso y santo Dios merece nuestro honor, nues­tra reverencia, y nuestra devoción a fin de adorarlo a él, que es dig­no de lo mejor que tenemos.

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domingo, 3 de julio de 2011

Bajo control

Romanos 5:3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia
Cierta vez un miembro de Iglesia escribio una carta a un Pastor veterano, en ella decia:
- Pastor pido que Ud. ore para que Dios pueda otorgarme paciencia.

El Pastor respondio:
 - Orare para que tengas problemas.

Repondio el miembro de Iglesia:
- Pastor creo que no me a entendido, le pido para que pueda ser paciente, no para tener problemas.

El Pastor le respondio:
Romanos: 5:3 - 5 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza;  y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.
En algun momento de nuestras vidas alzamos nuestra voz en oracion y decimos "Señor, no mas esto esto es demasiado".
El texto de hoy es muy duro para nosotros, el texto dice que las tribulaciones producen paciencia, pero a nadie le gusta sufrir, a nadie le gusta ver que sus seres queridos sufran, a nadie le gusta pasar por las sombras de la muerte.
Es necesario crecer, es necesario enfrentar los problemas, es necesario pasar por el valle de la muerte, y es algo que tenemos que hacerlo para que podamos conocer quien esta de nuestro lado.

No te preocupes, no estas solo, Dios esta a tu lado, cierra tus ojos y siente su presencia, eso es animoso, detraz de cualquier problema sea enfermedad, sea deudas, sea problemas familiares, no te preocupes Dios esta diciendote, solo un paso mas, solo un poco mas, junto con la prueba esta la salida.
Asi el problema sea grave, las tribulaciones producen paciencia, pero quizas te preguntes, toda mi vida e sufrido, habra que preguntarle al viejo Bartimeo cuanto tiempo espero, en realidad fue mucho tiempo.

Este texto es un texto amoroso, un texto donde el Señor nos dice: "Tranquilos estoy bajo el control".
Si Dios esta bajo el control, si Él es nuestro Padre, entonces tranquilos que  somos Hijos del Dios del Universo, Nada nos faltara.

Si hoy pasas por problemas, inclina tu rostro y dile: "Señor, me siento tranquilo, Tú estas bajo el control."
Full Adventistas Ministerios

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jueves, 30 de junio de 2011

En lo secreto de tu presencia

En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. Sal. 31:20.

Patous de Arriba es un pequeño y antiquísimo pueblecito situado en las montañas del norte de Madrid. Dicen que SI alguien quiere aislarse del mundo y al mismo tiempo estar cerca de una gran ciudad, Patous es el lugar perfecto. Inclusive se cuenta la leyenda de un rey que se escondió en aquella zona durante la invasión peninsular de los árabes, y hay quien afirma que aquel pueblo nunca supo que hubo una guerra civil en España.
El famoso cocinero francés Francois Fournier, llegó un día a aquel pueblecito escondido sobre las márgenes del río Jarama y montó un primoroso hotel con restaurante, de apenas siete habitaciones, decorado con antigüedades y obras de arte. El hotel se llama: "El tiempo perdido".
Dicen que si tú deseas hospedarte allí, tienes que hacer la reserva con meses de anticipación, porque es muy buscado por las personas ricas que, deseosas de huir de los problemas, se esconden en aquel lugar apacible.

El salmo de hoy nos habla de un lugar mejor a donde podemos huir de los embates de la vida, no es caro como "El tiempo perdido", y no se necesita hacer reserva, porque siempre hay lugar para uno más. Es la presencia de Dios.
Hay dos motivos por los cuales el salmista afirma que los hijos de Dios necesitan esconderse: "la conspiración del hombre" y la "contención de lenguas". El texto de hoy nos da a entender que los hijos de Dios son perseguidos y atacados de manera cobarde y disimulada.
Los enemigos no muestran el rostro. No se identifican. "Traman" a las' escondidas. Algunas versiones traducen acertadamente "conspiran" o "maquinan". Tú piensas que todo está bien y, sin embargo, ellos están preparando la trampa sin que tú te des cuenta. ¿Y cuál es el arma? La palabra. Usan la lengua, denigran, calumnian y difaman.
El salmista afirma que el escondrijo para los hijos de Dios es "el secreto de tu presencia". Lo más íntimo de tu ser, tu propio corazón. Tú puedes correr a los brazos de Dios, como un niño corre a los brazos de su padre para esconderse en su corazón.

¿Cómo se hace eso? Orando, ahí mismo donde tú estás. Si en este momento tú abres tu corazón, puedes estar seguro que él te protegerá, porque el salmo dice: "En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu tabernáculo a cubierto de contención de lenguas".

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martes, 28 de junio de 2011

Los rayos X de Ciro

Ciro se sentó en silencio, con su cabeza dando fuertes latidos. Si le hubiera hecho caso a sus padres y no se hubiera acercado al lugar de la construcción.

-”¿Cómo dijiste que te ocurrió esto?”, le preguntó el doctor Jones cuando terminó de poner los puntos en la frente de Ciro.

-”Iba corriendo a casa y tropecé con una grieta en la acera”, explicó Ciro, esperando que su rostro no revelará la verdad.

-”Bueno, estarás bien”, dijo el doctor Jones. “Pero sí quiero sacar unos rayos X del cráneo, sólo para estar seguro”.

Ciro y su mamá fueron al departamento de rayos X del hospital. La cabeza de Ciro aún latía. Se acostó sobre la falda de la mamá y trató de relajarse. Pensaba cómo sería el sacar rayos X de la cabeza. De repente, Ciro se incorporó.

-”Estos rayos X, ¿van a mostrar mi cerebro y todos mis pensamientos?”, dijo sin pensar. Tan pronto hizo la pregunta sabía que era una pregunta tonta.

-”Hijo, despreocúpate”, dijo la mamá riéndose. “¿Tienes miedo de que quizás muestre pensamientos que no quieres que otros vean?”

Ciro volvió a bajar la cabeza. Se alegraba de que los rayos X no pudieran mostrar sus pensamientos. Entonces todos iban a saber cómo fue de verdad que se hirió la cabeza. Se enterarían de que había mentido.

-”Creo que tú eres el próximo”, dijo la mamá, frotándole la espalda.

-”Lo siento”, dijo Ciro con rapidez. “Mentí. Me lastimé en el lugar de la construcción”.

-”Luego hablaremos de eso”, la mamá dijo con una voz firme, pero aún tranquila. “Vamos con la enfermera”.

Más tarde aquella noche discutieron el problema de Ciro. ” Ciro, nunca te olvides que Dios ve todos nuestros pensamientos así como tú pensaste que le aparato de rayos X pudiera revelar los tuyos, le aconsejó la mamá”.

No hay nada que podamos esconder de Él. N.E.K.

¿Tienes pensamientos que te darían miedo o vergüenza si alguien los supiera?

Compártelos con Dios, Él ya los conoce. Pídele que te ayude a mantener tus pensamientos honestos y puros.

Mateo 9:4
Y Jesús conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

Fuente: Devocionales para niños.

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lunes, 27 de junio de 2011

Busca primeramente el reino de Dios

“Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”
Lo que Él estaba queriendo decir, es que empezar el día con Jesús es lo que hace la diferencia; pero esta vida esta llena de actividades, que luego así que saltamos de la cama corremos como locos para el cumplimiento del deber, no le damos tiempo a Jesús, no paramos para abrir la Biblia, para orar, para meditar, para decirle Señor toma el control de mi vida, luchamos, corremos, trabajamos, nos golpeamos, nos herimos a lo largo del día, y en la noche volvemos frustrados porque todo lo que hicimos con nuestras manos parece que no dio resultado. El Señor Jesús no está diciendo que no debes trabajar y ni esforzarte, pero lo que te esta diciendo es que tu esfuerzo sin Cristo no vale nada, pero CUANDO TU COLOCAS A JESÚS EN PRIMER LUGAR LAS POCAS COSAS QUE PUEDES HACER COBRARAN SENTIDO Y ENTONCES COBRARAN SENTIDO Y ENTONCES SENTIRÁS EL VERDADERO SABOR DE LA VICTORIA.





Full Adventistas Ministerios "Creciendo en Cristo"

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sábado, 25 de junio de 2011

Di la verdad con amor

Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios. Prov. 8:7.

La verdad tiene un precio. Muchos no están dispuestos a pagar ese precio y optan por seguir los caminos de la mentira, de las medias verdades, o como quiera llamarse aquello que no es cristalino y transparente.

La mayor parte de las veces, la verdad envuelve dolor. Tal vez sea ése el precio más alto que cobra, y como e! ser humano detesta e! dolor, es lógico que escoja otro camino, cuyo fin es la muerte.

Es extraño que la senda de! dolor conduzca a la vida, pero desde la entrada de! pecado, la solución para e! problema de la muerte estaba en e! dolor. Un corderito murió en silencio en e! jardín de! Edén y su sangre mojó el camino de la historia hasta llegar a la cruz del Calvario donde Jesús mismo, el verdadero Cordero de Dios, sufrió el dolor mayor al entregar su vida en favor de la raza humana. Ese acto nos libró de la muerte. ¿Por qué será que los hombres, queriendo huir del dolor que la verdad incluye, caen en la mentira que es el camino de la muerte?

A lo largo de mi vida he visto historias tristes. Vidas destruidas, hogares deshechos, relaciones arruinadas por falta de la verdad. Los argumentos para explicar una mentira son muchos y muy variados. "No quería que sufrieras", "Decidí ahorrarte el dolor", "No tuve el valor", "Creí que nunca lo descubrirías".

Salomón fue un hombre que, además de ser inspirado por Dios, aprendió mucho con los golpes de la vida. Por eso, en el versículo de hoy habla con convicción. "Mi boca hablará verdad". Ninguna mentira tiene justificación.

La palabra "proclamar" en hebreo se atribuía a los heraldos que anunciaban buenas nuevas cuando el ejército regresaba de la guerra, a pesar del resultado. Buenas nuevas no son apenas las noticias agradables, son a veces realidades dolorosas, pero solo a partir de la realidad tú puedes arreglar el presente y encarar el futuro.

Haz de tus palabras, palabras de verdad. No te escondas, no huyas, no te "laves las manos", no lo dejes para mañana. Pídele a Dios que ponga amor en tus labios. Muestra misericordia cuando expreses la verdad, pero no la escondas por causa del dolor que puede provocar. Acuérdate del consejo de Salomón y di como él: "Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios".

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miércoles, 22 de junio de 2011

Todo pasa

Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.
Sal 90:10.


Conoces la teoría de la pasta dental? Según esa teoría, cuando tú comienzas a usar un nuevo tubo pones porciones generosas en el cepillo de dientes, pero a partir de la mitad, comienzas inconscientemente a poner cantidades menores, porque sabes que te queda poca pasta en el tubo.

Igual sucede con la vida. Cuando somos jóvenes, tenemos la impresión le que la eternidad fuera nuestra. Cuando llegarnos a los años de la vejez, cada momento se torna valioso, porque sabemos que el tiempo está llegando su fin.

La Biblia relata que los primeros seres humanos vivían en promedio unos 960 años. Con la entrada del pecado, el tiempo de la vida se fue acortando. Hoy es raro que alguien pase de los 100 años. El salmista afirma que a los 80 años todo "es molestia y trabajo".

La realidad es contundente. Tú no tienes todo el tiempo del mundo para utilizar todo lo que quieres; por tanto, es necesario que te levantes temprano diariamente y, después de pasar un tiempo con Dios, trabajes incansablemente en la realización de tus planes.

El otro día, conversé con un hombre de 60 años, que me decía: "Viví, pero no logré nada. Miro para atrás y nada construí. A veces me pregunto si vale la pena haber vivido". Sí, la vida es breve y fugaz; pero eso, en vez de llevarte al pesimismo o a la autocompasión, debería conducirte a Aquel que permanece para siempre. Es precisamente porque los años "pronto pasan, y volamos" por lo que debemos construir nuestros sueños, planes y realizaciones en la única persona que no está limitada ni por el tiempo ni por el espacio: Dios.

Lo poco, si se ha vivido con Jesús, es mucho. Y lo mucho, vivido sin él, es vacío, desesperación y frustración. No importa cuál sea tu edad, si tú a partir de hoy comienzas a vivir en comunión con el Dios de la eternidad, él te ayudará a hacer en 5 años lo que tú solo no conseguirías construir en toda la vida.

Nunca es tarde para quien cree en Dios. Cada día es un nuevo día. La vida es un permanente comenzar. A despecho de los problemas y dificultades, encara hoy los desafíos, sabiendo que en esta vida todo pasa rápidamente, "y volamos”.


por Alejandro Bullón

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martes, 21 de junio de 2011

Tiempo

Jugaba al amor libre. “Mientas espero al hombre cierto, me divierto con los errados “. Decia. Y su carcajada, como cascada de aguas salvajes, rodaba cuesta abajo por la monatana de sus actitudes inconsecuentes.

Jugaba su propio juego. Como si la vida no tuviese reglas. Corria como una gacela, por los prados atractivos de una sociedad liberal. Nadaba en las aguas turbulentas de la nueva moral. Descendia a las profundidades de aquel mar embravecido, atraida por la belleza traicionera del placer.

Un dia quiso salir. Le faltaba oxigeno. Intento regresar a la supercifie y se dio cuenta que habia ido demasiado lejos. Murío de sida , a los 28 años.

¡Gabriela, Gabriela! Tu piel canela estaba demasiado blanca en el dia de tu entierro. Tus ojos vivos no tenian luz.

¿ Que hiciste con tu vida? ¿ Por qué no te respetaste a ti misma? ¿ Por que jugaste con tu tiempo y te fuiste antes de tiempo?

El sabio Salomón, después de caminar por los mismos senderos espinosos, un dia volvio los ojos a Dios y escribió: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”(Eclesiastes 3:1).

Hay dos conceptos en este versiculo. El primero es que existe un determinado tiempo para todo. La vida no es la sucesión accidental de hechos. No puede serlo. Me alimento cuando puedo,trabajo cuando se me antoja, duermo si sobra tiempo. No. Es necesario establecer un programa de actividades y seguirlo conscientemente. El segundo concepto es que, lo que hay que hacer, hay que hacerlo a su debido tiempo. Ni antes, ni después. Invertir el orden puede ser fatal. El problema es que al ser humano no le gustan las reglas. Quiere hacerlo todo de acuerdo a las circunstancias y conforme a su voluntad.

¿ Te imaginas un partido de futbol donde cada jugador siga sus propias reglas? ¿Como terminaria? Creo que ni empezaria.

Si en cosas tan simples como el futbol, existen reglas, ¿Por qué no habrian de existir en la vida?

Gabriela ya no puede hacer nada para enmendar el rumbo de su vida.

Está muerta. Pero tú si. Hoy puede ser un nuevo dia. Has correr las cortinas de tu vida. Deja entrar al sol. Es tiempo de vivir, de evaluar,de corregir si Es necesario. Busca a Jesus y permite que el guie tus pasos a lo largo de la vida.


Pastor Alejandro Bullon

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domingo, 19 de junio de 2011

Justicia y Gracia

Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.  Hebreos 4:16.

Tendría seis o siete años cuando un equipo profesional de fútbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máqui­nas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. Yo, curioso como cualquier niño, ca­minaba al lado de la multitud; pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme a jugadores tan famosos, a los que conocía solo por la radio y los periódicos.

De repente un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me lla­mó. Yo miré a todos lados; ¡no podría llamarme a mí! Él no me conocía, y yo era apenas un niño en medio de la multitud. Pero era verdad: ¡me estaba llamando a mí! Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria, aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.

Distancias aparte, hoy pienso en el Trono de Dios, el Rey del universo. ¿Cómo acercarnos al Señor, si no somos más que pobres pecadores? No lo merecemos; no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y con­denados a muerte eterna. No hay justo ni siquiera uno; no hay quien haga el bien. No; de hecho, no tenemos ningún derecho.

Pero, el versículo de hoy afirma que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. Por su justicia, Dios no nos da lo que merecemos, que es la muerte; y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.

Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al Trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. ¡Ah! cómo necesitamos de auxilio y socorro. Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios; como si él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto; pero te sientes tan distante, y piensas que todo está perdido.

En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices; a despecho de tus incoherencias. Dios te ama, y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del Calvario.

Por eso, hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos”.

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lunes, 13 de junio de 2011

Las ocho mentiras de mama

Esta historia comienza cuando era niño… nací pobre. A menudo no teníamos suficiente qué comer. Cuando teníamos algún alimento, Mamá solía darme su porción de arroz. Mientras pasaba su arroz a mi tazón, solía decir: “Cómete este arroz, hijo, yo no tengo hambre”. Aquella fue la primera mentira de Mamá.

Al crecer, Mamá renunció a su tiempo libre para pescar en un río cercano a nuestra casa; ella esperaba que de los peces que pescase, me podría dar proveer de un alimento más nutritivo para mi crecimiento. Una vez, cuando sólo había pescado dos peces, hizo sopa de pescado. Mientras tomaba la sopa, Mamá se sentó a mi lado y comió lo que quedaba en el hueso del pez que me había comido; mi corazón se estremeció al verla. Una vez que le pasé el otro pescado, lo rehusó y dijo: “Cómete el pescado, hijo, a mí en realidad no me gusta el pescado”. Esa fue la segunda mentira de Mamá.

Cuando, para poder pagar mi educación, Mamá fue a una fábrica de fósforos para traer a casa algunas cajetillas usadas, las que llenaba con cerillas nuevas. Esto la ayudaba a ganar algún dinero para cubrir nuestras necesidades. Una noche invernal me desperté y hallé a Mamá llenando las cajetillas a la luz de una vela. Así que le dije: “Mamá, vete a dormir; es tarde, puedes seguir trabajando mañana en la mañana”. Mamá sonrió y dijo: “Vete a dormir, hijo, no estoy cansada”. Esa fue la tercera mentira de Mamá.

Cuando tuve que hacer mi examen final, Mamá me acompañó. Después del amanecer, ella me esperó por horas en el calor del día. Cuando sonó la campana, corrí a encontrarme con ella… Mamá me abrazó y me dio un vaso de té que había preparado un termo. El té no era tan fuerte como el amor de Mamá. Viéndola cubierta de sudor, de una vez le pasé mi vaso y le pedí que tomase también. Mamá dijo: “Toma tú, hijo, que yo no tengo sed.” Esa fue la cuarta mentira de Mamá.

Tras la muerte de Papá, Mamá tuvo que desempeñar el papel de ambos. Mantuvo su empleo anterior; tenía que satisfacer sola nuestras necesidades. Nuestra vida familiar se tornó más complicada, pasábamos hambre. Viendo empeorar nuestra condición familiar, mi bondadoso tío, quien vivía cerca a nuestra casa, vino a ayudarnos a resolver nuestros problemas grandes y pequeños. Nuestros otros vecinos vieron que estábamos en pobreza por lo que aconsejaban a Mamá que se volviera a casar. Pero ella rehusó casarse de nuevo diciendo: “No necesito amor”. Esa fue la quinta mentira de Mamá.

Al terminar mis estudios y obtener un empleo, llegó el tiempo para que mi anciana madre se jubilase pero ella siguió yendo al mercado cada mañana para vender algunos vegetales. Yo le seguía enviando dinero pero ella era persistente y aún me enviaba de vuelta el dinero diciendo: “Tengo suficiente”. Esa fue la sexta mentira de Mamá.

Seguí mis estudios de maestría a tiempo parcial. Financiado por la corporación estadounidenses para la cual trabajaba, tuve éxito en mis estudios. Con un gran aumento en mi salario, decidí traer a Mamá a disfrutar la vida en los Estados Unidos pero ella no quiso molestar a su hijo. Me dijo: “No estoy acostumbrada a vivir por lo alto”. Esa fue la séptima mentira de Mamá.

En su vejez, Mamá fue atacada por el cáncer y tuvo que ser hospitalizada. Como ahora vivía al otro lado del océano, fui a casa a ver a Mamá, quien se hallaba encamada tras una operación. Mamá intentó sonreír pero yo estaba quebrantado por verla tan delgada y frágil. Pero Mamá dijo: “No llores, hijo, no me duele”. Esa fue la octava mentira de Mamá… y diciéndola, falleció.

Autor Desconocido, enviado por by Edz Arsua, U.A.E.


Creo que no exagero si creo que también sería aplicable en muchos casos, al progenitor masculino. Lo cierto es que el autor del pensamiento nos presenta, dentro de un contexto de mucha necesidad de su niñez, los “pecados” de su progenitora… que más justamente deberíamos llamar sus “sacrificios”. Creo que cada uno de ustedes podrá identificar y atribuir algunas de estas “mentiras” a sus madres/padres y tal vez sería lo más adecuado que pudiésemos honrarles ahora que están vivos… Adelante y que el Señor les bendiga.

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domingo, 12 de junio de 2011

¿Quien espera a Quien?


La palabra “Adventista”, que forma parte de nuestro nombre nos identifica como los que esperamos el segundo advenimiento de Cristo. Esta es una doctrina muy importante, que atesoramos en nuestros corazones. Nos alienta cuando hay dificultades, nos mantiene con la perspectiva cuando todo parece ir viento en popa y nos anima a testificar del Salvador que pronto regresara.
“Nuestra ciudadanía esta en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil. 3:20). Por eso vivimos “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucriso” (Tito 2:13).



La prolongación del tiempo mas allá de nuestra expectativas podría inducirnos al desanimo. No obstante, el Señor nos anima a mantener firme y sin fluctuar la esperanza del regreso de nuestro Señor. “Tened también vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca” (Sant. 5:8).
Sin embargo el ajetreado trajín de la vida diaria y los atractivos del mundo nos presionan constantemente para que desplacemos esta bendita esperanza a un segundo o tercer plano, o aun a olvidarnos por completo. Como el siervo de la parábola corremos el peligro de pensar: “Mi Señor tarda en venir” (Mat. 24: 48), dejándonos arrastrar por la corriente. Que tragedia es ver que para algunos el advenimiento es solo parte de su iglesia, mientras que viven como si no esperaran al Señor.
En realidad, cabe preguntarse ¿Quién espera a quien?, no necesitamos indagar para encontrar las respuestas. El apóstol Pablo nos explica que “el Señor no retarda su promesa, según algunos tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2Ped. 3:9).
Cristo no viene todavía porque él nos esta esperando a nosotros. Ya podría haber venido, pero no lo hizo por una sola razón: No estamos preparados. ¡Que inmenso amor!. Su demora, en lugar de ser una señal de indiferencia y tardanza, es una gran manifestación de amor y gracia.
Cuando una persona destacada visita un país o una ciudad, normalmente se realizan preparativos para su venida y la esperan con mucha expectativa. Paradójicamente la persona mas importante del universo esta por venir y nadie se esta preparando, nos estamos distraendo con innumerables minucias de esta vida. Mas lo mas expectacular es que el Rey del universo no se exaspera, sino que con una paciencia admirable aguarda que nosotros, pobres mortales, que vivimos en un puntito perdido en el espacio nos preparemos para recibirlo.
Cristo nos concede tiempo para hagamos básicamente dos cosas: Nos preparemos personalmente y ayudemos a otros a prepararse. Ambas tareas están relacionadas y son indispensables, no podemos hacer bien una sin hacer la otra.
Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de si mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos” “Jesus espera que sus discípulos sigan sus pasos, soporten lo que él soporto, sufran lo que él sufrió y venzan como el venció. Él esta esperando ansiosamente a sus seguidores profesos manifestar el espíritu de abnegación y renunciamiento que Él manifestó.

Cristhian Amaya
Full Adventistas

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jueves, 9 de junio de 2011

Cuando a los buenos les suceden cosas malas

Hoy quisiera compartir con Uds., en esa intimidad que se suscita entre el que escribe y sus lectores, una de las experiencias más dolorosa y al mismo tiempo extraordinaria que he vívido. Pertenezco a una familia de nueve hijos, todos sanos y felices. Mi mamá, como dicen los médicos, tuvo 9 gestas y 9 paras; es decir, todos sus embarazos tuvieron un feliz término y todos nacimos saludables.

Todos hemos tenido hijos “sanos”, con excepción de mi hermana María Aurora, la penúltima. La tía más querendona y tierna que Uds. se puedan imaginar, la dulzura hecha persona, que se vuelve pura miel con un bebé. 

Ella no se embarazó sino hasta un poco avanzados los treinta y tuvo una hermosa bebé, a quien llamaron Elizabeth.

Ya desde que la cargaba en su vientre sabía que Elizabeth tenía problemas de salud, pero ella no quiso detener su existencia, sino que decidió tener a su bebé y ponerse en las manos de Dios. Cuando la niña vio la luz de este mundo, mi hermana no pudo tenerla en su regazo, ni acariciarla, ni darle el alimento de sus pechos. Inmediatamente fue llevada a cuidados intensivos y los médicos le pronosticaron dos semanas de vida.

Elizabeth había nacido con un raro síndrome llamado Trisomía 18. 

Recuerdo cuando la conocí, sus ojos grandes y vivaces me impactaron, su menudo cuerpecito invadido por todos esos “cables” conmocionó hasta la fibra más profunda de mi ser. Deseé cargarla y estrecharla contra mi pecho, y de alguna manera milagrosa infundirle la vida a través de la fuerza del inmenso amor que sentí por ella, desde el mismo instante en que mis ojos la vieron por primera vez. Al mismo tiempo, deseé poder consolar a mi hermana; me sentí tan impotente en el intento.

La abracé, la besé, oré por ella, le cociné cosas ricas y la cuidé con todo mi cariño. En las largas jornadas en las cuales se extraía la leche de sus senos, para que a través de una sonda se la suministraran a la bebé, le leía la Biblia y cantábamos juntas algunas canciones. 

¡Me impresionaba la fuerza de su amor! A medida que pasaban los días su anhelo por estar al lado de su hija la consumía de tal manera, que fue capaz de hacer en medio turno todo el trabajo de un día, durante los cinco meses que vivió Elizabeth.

Cuando llegaba al hospital su cara se iluminaba y a pesar de las limitaciones ocasionadas por la incubadora, ella la besaba, la abrazaba y le decía cuanto la amaba. Recuerdo que uno de los médicos dijo que la única razón por la cual esa niña seguía viviendo, era por el inmenso amor que su madre le prodigaba cada día. Otro doctor, la llamaba “mi pequeña roca” haciendo alusión a lo luchadora que era la bebé; que cada vez que pensaban que moría, los sorprendía a todos recuperándose de la gravedad.

Las dos lucharon por la vida y se aferraron a un amor indescriptible, imposible de expresar con palabras. Un día llegó el momento más doloroso, el de la partida, y Elizabeth se fue al Cielo. Mi hermana lloró y aún sigue llorando a su preciosa niñita, aún la ama y anhela el día en que se encuentre con ella. Mi hermana tiene la esperanza de la vida eterna, y esta esperanza la llena de alegría.

Ella se siente privilegiada de haber sido escogida por Dios para ser la mamá de Elizabeth.

Ella ha comprendido, en una dimensión mucho más profunda que nuestro plano terrenal, que para Dios la vida de todos tiene un significado que trasciende nuestro entendimiento. Ella ha comprendido que lo que a los ojos del hombre puede ser imperfecto, bajo la mirada de Dios y de los ojos de nuestro corazón se ha convertido, en su vida, en el amor más sublime que jamás soñó.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33



Rosalia Moros De Borregales.
rosymoros@gmail.com

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jueves, 2 de diciembre de 2010

Navidad

"Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres"! Lucas 2:10-14
Fiestas navideñas: ocasión para el regocijo, para dar regalos, para estrenar ropas nuevas, para la reunión familiar, para el reencuentro con los amados que están lejos, para disfrutar de ricos manjares...
Pero también, tristemente, ocasión para riñas, excesos, juerga y borracheras; para sembrar de basura las calles; para dilapidar egoístamente nuestro dinero en cosas pasajeras. Tiempo para los accidentes en el hogar, la calle y la ruta, con su saldo de heridos y muertos innecesarios (siempre lo son), como triste fruto de la "celebración".
Noche en que recordamos el advenimiento del Redentor del mundo ignorándolo por completo ¡Qué paradoja!
Hemos acumulado tantas tradiciones locales y foráneas que se nos olvidó el verdadero motivo por el cual nos reunimos en estas fechas.
En vez de Cristo, Papá Noel; en lugar del pesebre y los ángeles; nueces, almendras, turrones, luces y arbolito.
No que sean malas estas cosas por sí mismas; sinó que terminaron desplazando al verdadero Personaje de esta fiesta.
¿Y qué tenemos?
En lugar de paz y buena voluntad, nervios y apresuramiento.
Más que gloria a Dios, casi todos la buscamos para nosotros mismos.
Resulta más importante no olvidarse de traer el pan dulce, que gozar de la dulce compañía del Dios encarnado.
En vez de ser un momento de reflexión, es la hora del aturdimiento.
En lugar de acercarnos a Dios, lo hacemos a un lado para "disfrutar" de algunos placeres sanos y de otros más bien dudosos.
¿De que vale un cumpleaños sin el cumpleañero? Por otro lado poco importa si el 25 fue o no la verdadera fecha del nacimiento de Jesús. Siempre es bueno recordarlo.
Aunque pareciera que el destino de Jesús fue y siempre ha sido el de ser ignorado:

  • Cuando nació, ni siquiera tuvo lugar en alguna cama decente, siendo despreciado por los hombres. "Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él" (Mateo 2:1-3). Ninguno de los que supieron de su nacimiento fue a verlo; apenas algunos pastores y unos pocos extranjeros lo honraron.
  • Al comenzar su ministerio, Juan el Bautista lo anunció como el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", sin embargo apenas dos personas lo siguieron, el resto siguió ignorándolo. Su Mesías resultó un desconocido: "...Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado".  Juan 1:25-27
  • Después de su resurrección, se unió en el camino a dos angustiados discípulos, sin ser conocido por ellos: "Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.  Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen".Lucas 24:15,16
Pero el niño ignorado no se olvidó de sus ingratas criaturas.
Creció, se hizo hombre, y murió para pagar la deuda de nuestros pecados y así poder ofrecernos la vida eterna.
Ese mismo Jesús que resucitó de la tumba y ascendió al cielo, es hoy nuestro Salvador y nuestro Amigo Celestial, pronto a socorrernos.
Por último y mejor todavía, es la mayor esperanza de la humanidad. El Rey que nació en Belén es el Rey que viene en las nubes de los cielos.
Esta esperanza sublime es proclamada en el Padrenuestro, cuando decimos "venga tu Reino", anunciada en el credo como el que "ha de venir a juzgar a vivos y muertos" y confirmada en abundantes pasajes de la Sagrada Escritura.
Pronto vendrá. Él lo prometió ¿Por qué no recibirle hoy?
Tengamos en esta Navidad un lugar para el Señor Jesucristo en nuestra mesa, familia y corazón. Leamos un pasaje del evangelio, comentemos su profundo significado, elevemos una oración de gratitud, pero por sobre todo, gocemos el privilegio de su compañía en cada día de nuestras vidas.
No lo dejemos afuera en estas fiestas.


Willy Grossklaus docente del Instituto Adventista de Formosa (Argentina) publica en los 
siguientes blogs: CRISTO VIENE HOY y REFLEXIONES CRISTIANAS

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viernes, 26 de noviembre de 2010

Desequilibrio fatal

Analizar los aspectos sobresalientes de la vida espiritual del cristiano y experiencia de la Salvación será una de la forma de brindar ayuda espiritual por este medio, lamentablemente ésta es la coyuntura difícil para muchos cristianos ya que muchos pensamos ser salvos sin tener vida espiritual. La salvación la recibimos de un Dios justo. Él nos provee su justicia mediante la muerte vicaria y sustitutiva de Jesús sobre la cruz como expiación por nuestros pecados y por los de todo el mundo. Este hecho es absolutamente esencial en la vida cristiana: sin él nadie puede recibir la salvación. Nunca se debe disminuir el valor de este precioso don. Tampoco se debe abusar de este don convirtiéndolo en una licencia para pecar (“solo tienes que volver al pozo vez tras vez”)
En los días del Apóstol Pablo había quienes comprendían mal y usaban equivocadamente lo que Cristo llevo a cabo en la cruz, de tal manera que distorsionaban su verdadera función en la vida cristiana. Tristemente sucede lo mismo en la actualidad. En la epístola a los Romanos Pablo declara enfáticamente que jamás deberíamos usar el maravilloso don divino de la salvación como excusa para quebrantar la Ley y sobreabundar el pecado. Bien podríamos llamar el “partido de la justificación” a los que se apoyan el uso distorsionado de la cruz, por causa del énfasis que le dan a este aspecto de la salvación.
Otros yerran por colocar el énfasis excesivo en el otro aspecto de la vida cristiana: la santificación. De aquí que también tengamos el “partido de la santificación”. Este grupo tiene a transformar la vida cristiana en una cuestión de conducta, mediante cada cual se esfuerza por merecer la aprobación divina.
Existe un posición verdadera y equilibrada de la cruz y de la obra que se cumplió en ella; lamentablemente existe un desequilibrio fatal dentro de la Iglesia Adventista y lo ha existido a través de todos los tiempos; unos piensan que en la cruz termino todo el plan de salvación cuando en realidad recién empezó, algunos piensan que solo en creer que Jesús murió por nuestros pecados nosotros estamos libre de todo pecado y que lo hagamos no tiene mas poder sobre nuestra salvación, por otro lado mucho han seguido las filas del legalismo haciendo de esta forma una Iglesia militante en vez de una iglesia triunfante, en donde tenemos que hacer lo posible para tener segura nuestra salvación. No podemos darnos el lujo de andar de un camino al otro, debemos buscar un equilibrio y la Biblia por si sola nos indica el mismísimo equilibrio que necesitamos tan desesperadamente. Dicho equilibrio se encuentra en el libro de Levítico y en el sistema de sacrificios mediante el cual recibían salvación los antiguos Israelitas. La justificación y la santificación armonizan perfectamente en el santuario y su servicio. Dios les indico a los israelitas que llevaran una vida santa en base al don de pura gracia que había provisto para ellos en el sistema se sacrificios. De este modo la justificación se constituía en la razón de ser de la santificación.
En los últimos capitulo del libro de Romanos aplica esta enseñanza a la practica de la vida cristiana. La epístola de los hebreos utiliza el mismo enfoque al presentar a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial y al concluir con una explicación del modo en que nuestra fe en aquel Sumo Sacerdote se refleja en una valerosa vida espiritual cotidiana.
Equilibrio es lo que necesitamos y solo encontraremos equilibrios al estudiar el Santuario, los objetos que este contenía y el sistema de sacrificios que en éste se realizaba.

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